lunes, 10 de marzo de 2014

Crema de verduras

Semana 24
Peso: 130,0 kg.

Los que me conocéis a fondo, sabéis de mi animadversión a las verduras. En realidad no es que no me gusten, digamos que soy un tipo con un paladar exclusivo, que rechaza determinadas texturas, sobre todo en lo que a fruta y verdura se refiere. Por poner un ejemplo, me encanta el zumo de naranja, los caramelos de naranja, los refrescos de naranja...pero soy incapaz de llevarme una naranja a la boca. Sí, vale: soy un rarito.

Y es en este momento cuando surge la pregunta del millón...¿cómo coño ha hecho este tío para adelgazar sin apenas probar fruta y verdura? El tema fruta lo soluciono con la manzana, que es de las poquitas que me puedo llevar a la boca sin rechazo. De hecho, me encanta. Peras y plátanos son otras opciones, pero muy esporádicas. En cuanto a la verdura, mi médico me aceptó setas y champiñones como animal de compañía, lo que unido a los pimientos rojos, que no verdes (sí, muy rarito) facilitaba el aporte verde a mi maltrecho cuerpo.

Y en esto que apareció la figura de mi madre. Llevaba muuucho timpo insistiéndome, cuando iba a comer a su casa, en que probara su puré de verduras, a lo cual siempre me había mostrado completamente reacio. Pero claro, tu médico te insiste en los beneficios de la verdura, y al final no te queda más remedio que hacer de tripas corazón y probarlo. Para mi sorpresa, lo caté y....estaba cojonudo! Mi madre siempre se empeñaba en enumerarme los ingredientes cual lista de los Reyes Godos, a lo cual siempre le decía que parara, que ojos que no ven... (o en este caso, oídos que no escuchan...)

Así que, cual niño pequeño al que se lo tienen que dar todo pasado para que coma, comencé a llevarme tuppers con la susodicha crema de verduras, y hoy me he decidido a compartir la receta con todos vosotros. Sé que más de uno va a decirme que tal o cual verdura no es conveniente para el régimen, que sería mejor y más sano cambiar tal o cual cosa...pero me da igual, a mí me gusta como es, y si es bueno o malo para adelgazar, a las pruebas me remito, Señoría...

Ingredientes (para unas 10 raciones):
· 3 calabacines
· 3-4 zanahorias
· 1/2 calabaza pequeña
· 1 cebolla
· 4 ajos
· 250 gr. de alubia verde
· 1 pimiento rojo grande
· 2 patatas pequeñas
· 1 puerro
· Aceite
· Sal
· Pimentón picante

Preparación:
Se trocean todas las verduras y se ponen a cocer con agua que las cubra, no demasiada para que quede una crema espesa. el tiempo de cocción ya dependerá de cada cocina, mi madre calcula que una hora y media en cazuela normal y fuego eléctrico, pero en olla express será otro cantar.

Una vez cocidas las verduras, cogemos la batidora y lo trituramos bien todo, hasta lograr una consistencia cremosa y evitando las fibras que pudiera proporcionarnos el puerro u otras verduras. Mientras, en una sartén, calentamos aceite y freímos pimentón picante al gusto, con cuidado de que no se nos queme, y lo añadimos a las verduras. Y voilá!
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Como véis, muy sencillo de preparar. Ni que decir tiene que podemos añadir o quitar otras verduras, eso ya va con el gusto de cada uno, o de que nos hayamos acordado de comprarlas todas. El resultado será parecido, una exquisita crema a prueba del mayor antiverduras del mundo. ¿Que sin el sofrito de pimentón sería mucho más eficiente? No lo dudo, pero el puntito picante y el sabor que le aporta bien lo vale.

En cuanto a los resultados de estas dos semanas, han sido un total de 2,200 kilos los perdidos. Lógicamente la cosa se va tranquilizando, y ya no se ven las cifras espectaculares de meses atrás, pero lo importante es que sigue habiendo una línea descendente. También es cierto que mi nivel de relajación en estos momentos es mucho mayor. Al fin y al cabo, estoy logrando lo que cualquiera que quiera perder peso desea: hacerlo sin sufrir. Y yo cada día disfruto más de la vida.
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lunes, 24 de febrero de 2014

Pádel!

Semana 22
Peso: 132,2 kg.

Recuerdo perfectamente que, unos días antes de comenzar este proceso de adelgazamiento, comenté con mis amigos que una de las cosas que primero quería hacer cuando perdiera peso era jugar al pádel. El boom del juego me pilló ya entrado en carnes, y como ávido aficionado a todo aquel juego que consista en golpear una pelota con una pala o raqueta, me quedé fuera de juego.

Pero menos de cinco meses después, por fin puedo decirlo bien alto: ¡¡Ya juego al pádel!! El viernes pasado, por fin, uno de mis mayores anhelos pre-dieta se cumplió. Fueron poco más de 50 minutos los que disfruté intentando sobre todo cogerle las distancias a la pista y a la pala, ya que era la primera vez que tenía una en las manos. Y claro, es más grande que una de ping pong y más pequeña que una raqueta de tenis, por lo que pareció por momentos que los agujeros de la susodicha eran infinitamente más grandes de lo que son en realidad. Pero eso fue lo de menos. Lo más importante es que disfruté como un niño con zapatos nuevos, y si bien es verdad que mi movilidad, sobre todo lateral, todavía dista muchísimo de lo necesario para jugar bien, estoy convencido de que poco a poco lo lograré.

Lo más importante es que aguanté bastante bien en el aspecto físico durante la primera media hora, para ir progresivamente clavándome más y más en la pista, algo lógico después de al menos 10 años sin practicar un deporte colectivo. Se que poco a poco voy a ir ganando en agilidad, y que mis piernas, una vez no tengan que soportar tal burrada de kilos, irán mucho más livianas. No hay que olvidar que, aunque haya perdido más de 40 kilos, los ciento treintaypocos que me quedan no son moco de pavo.

Quiero dar las gracias una vez más a mis compis de partido y a pesar de ello amigos Jorge, María y Loreto, que se prestaron a que pudiera cumplir este pequeño sueño, el primero de unos cuantos que tengo en mi lista de "cosas que hacer cuando no esté gordo". Hacía mucho que no me sentía tan feliz.

Y, al día siguiente, con las agujetas correspondientes, caminata de 16 kilómetros al pantano de La Grajera, con otro buen puñado de buenos amigos, Leticia, Natalia y Juan...y es que me siento muy muy afortunado de estar rodeado de gente tan estupenda.

Por lo demás, esta semana han sido 1,100 kg. los que me he quitado, algo menos de lo habitual, pero total y absolutamente normal después de 22 semanas de régimen. Si mantuviera este ritmo, en julio pesaría alrededor de 110 kilos, por lo que me daría con un cantito en los piños.

lunes, 17 de febrero de 2014

Alcanzando la normalidad

Semana 21
Peso: 133,3 kg.

Después de todo este tiempo transcurrido, las sensaciones que tengo en estos momentos es que estoy llegando a un punto de normalidad que no había imaginado. Me explico: los primeros meses, tenía la dieta metida en la cabeza, todo lo que ingería lo hacía pensando en si debía o no, salir a andar por las mañanas era una obligación, autoimpuesta, eso sí, pero una obligación al fin y al cabo. Pero de un tiempo a esta parte me tomo las cosas de otra manera. La dieta está ya completamente integrada en mi vida, una vez he comprobado que se puede vivir sin excesos, y que muchas veces bastan una serie de pequeñas rutinas que no conllevan demasiado esfuerzo para sentirse bien con uno mismo, y lo que es más importante, perder peso a la vez.

Antes me saltaba la dieta a hurtadillas, sin decir nada a mi médico, y lo hacía en medio de un sentimiento de culpabilidad en ocasiones asfixiante. Y eran pequeñas chorradas, como tomarte una caña el día no señalado o comerte un poco de jamón a deshoras. Mi temor a que todo ello se viera reflejado en la báscula era terrible, y eso me impedía disfrutar de mis pequeños devaneos. Ahora todo eso ha cambiado. Sigo la dieta marcada de la manera más extricta posible, o mejor dicho, de la mejor manera que puedo. Pero si un día toca ir a la calle Laurel a comerse unos pinchos, voy y los disfruto como el primero, sin comeduras de tarro, aunque inconscientemente al día siguiente me meta un par de kilómetros más andando entre pecho y espalda, hecho del que mis amigos más avispados ya se han percatado.

Salir a caminar ya no es una obligación, es algo que deseo hacer, y esta semana, si nada se tuerce, empezaré a jugar al pádel, deporte que eclosionó cuando ya mi peso no era compatible con el mismo, y que estoy deseando probar desde entonces.

Respecto a mi peso actual, he perdido algo más de 3 kilos en las dos últimas semanas, y ya sin ropa (el peso que publico en cada entrada es el oficial de la farmacia) empiezo a vislumbrar el ciento veinti..., un nuevo cambio de decena a la vista, lo que hace que no me despegue de esa sonrisa que véis en la foto. Sigo encontrándome con gente sorprendida que hacía tiempo no veía, y que no se pueden creer el cambio. Creo que hasta la cabeza me está encogiendo, ya que al menos tres personas habituales en los últimos días me han preguntado si me he cortado el pelo...y no lo he hecho! Casi me da miedo pasar esta semana por la peluquería y ver el impacto de un corte de pelo real...


lunes, 3 de febrero de 2014

40 kilos

Semana 19
Peso: 136,4 kg.

40 kilos. Se dice pronto. Hace ya cuatro meses largos que empecé con la dieta, y ni en mis mejores sueños podía imaginar que, a estas alturas de la película, mi volumen se hubiera reducido prácticamente una cuarta parte. En todo este tiempo me he dado cuenta de muchas cosas. En primer lugar, que tengo una fuerza de voluntad que hasta ahora desconocía. Los que me conocéis personalmente sabéis que siempre he sido un huevón, incapaz de tomar iniciativas, incapaz de cuidarme aún a sabiendas de que lo que estaba en juego era mi salud. Huidizo de los médicos, de los medicamentos, de todo lo que huela a hospital, tuve, como siempre pasa en esta vida, un desencadenante, una luz de alarma que se encendió en mi maltrecho cuerpo que me hizo reaccionar.

Me he dado cuenta, además, que no podía caer en mejores manos. Ya se que soy muy pesado con el tema, pero cada vez que puedo no pierdo la oportunidad de agradecer a mi médico favorita, Rita, y a mi enfermera favorita, Rocío. Me están llevando como la seda, mimándome hasta el infinito, comprendiendo mis debilidades, animándome en el proceso, sugiriéndome hábitos saludables, y, lo mejor de todo, echando unas risas siempre que podemos. Seguro que en alguna ocasión las carcajadas han traspasado la puerta de la consulta y alguno que otro se ha quedado atónito, verdad Rocío? ;)

Pero sobre todo me he dado cuenta de que tengo unos amigos fantásticos. No os voy a citar, por miedo a olvidarme de alguien, ya sabéis quiénes sois. El apoyo que he conseguido tanto en el evento como cuando pintamos ha sido y es sencillamente excepcional. Me siento querido, arropado, aconsejado, animado...incluso, o mejor dicho, sobre todo cuando alguno (o alguna) se convierte en Pepito Grillo y me pone los puntos sobre las íes...no hay mayor demostración de cariño. Las flores están muy bien, pero un toque a tiempo lo está mucho mejor. Este camino lo estoy recorriendo con vosotros, y no puedo sentirme mejor acompañado. Os quiero mucho.


lunes, 20 de enero de 2014

El club del paseo

Semana 17
Peso: 137,4 kg.

Hoy quería hablaros de uno de los mejores revulsivos que he encontrado a la hora de complementar con ejercicio la dieta de adelgazamiento. Se trata del Club del Paseo, del que ya os he hablado en alguna ocasión. Contacté con ellos como casi todo en esta vida, por casualidad, en algún retweet de su cuenta en Twitter. Os contaré un poco cómo funciona: son un grupo de personas que realizan distintos tipos de actividad física y que
comunican su actividad realizada al resto del grupo vía Twitter, con el objetivo de promover la salud mediante la realización de ejercicio físico. Para formar parte de esta gran familia sólo hay que inscribirse en su página web, descargarte en tu móvil alguna aplicación tipo Runtastic, Endomondo o similar, y comenzar a comunicarles por tweet los resultados de tu ejercicio físico. Ellos se encargan de elaborar un ranking mensual, y acabas compitiendo con el resto de usuarios para ver quién es capaz de hacer más kilómetros.

Además, no se limita únicamente al paseo, sino que también puedes participar en otro tipo de actividades deportivas, como correr, nadar, bicicleta, patinaje, spinning...Ellos se encargan de todo, tú simplemente comunicas tu actividad y ellos casi al instante actualizan la clasificación. Otorgan, además, medallas simbólicas cuando se van consiguiendo determinados retos.

Lo mejor que tiene es que incita a la competitividad, y acabas picándote por batir al resto de usuarios o incluso a tí mismo. Puedes programarte un objetivo y ellos te irán diciendo cuánto te queda para lograrlo. En definitiva, es una forma de motivación cojonuda a la hora de, en mi caso, los paseos diarios. Ah! Y si te lo estabas preguntando, es completamente gratis.

En el momento de escribir estas líneas, voy en primera posición (!!) de entre 98 participantes, lo cual es un chute de adrenalina y un estímulo espectacular a la hora de afrontar mis próximos paseos. Da igual si acabo ganando o no, porque de todas maneras ya me considero ganador. Desde que empecé el régimen ya he perdido del orden de los 40 kilos, o lo que es lo mismo, prácticamente un cuarto de mi peso inicial, que se dice pronto.

¿Estas dos últimas semanas? Pues fantástico, como viene siendo habitual. Un total de 4,700 kg. menos, lo cual es una auténtica burrada a estas alturas, tras casi cuatro meses a dieta. Y no sólo estoy mejorando en el aspecto físico, sino sobre todo en el anímico. La palabra felicidad la tenía casi desterrada de mi vocabulario, pero recientemente cada vez la uso más a la hora de definirme. La dieta me ha ayudado, por supuesto, pero también el verme rodeado de unos amigos fantásticos, unos, de toda la vida, otros más recientes pero que ya forman parte de mi vida y a los que quiero un montón, a unos y a otros. ¿Qué más se puede pedir? Bueno sí, un trabajo, pero vaya, no se puede tener todo. ;)

miércoles, 8 de enero de 2014

El milagro de la Navidad

Semana 15
Peso: 142,1

A las pruebas me remito, Señoría. El día de autos, acudí como cada semana a la consulta de mi enfermera a pasar por el trance de pesarme y medirme. Sabía que durante los días anteriores me había pasado varios pueblos, es lo que tiene la Navidad, por lo que, por primera vez desde que comencé la dieta, estaba convencido de que mi peso había aumentado. No hice trampas, lo juro. Llevaba la misma ropa que la semana anterior. Cual fue mi sorpresa (y la de Rocío, mi enfermera) cuando tras subir ambos pies sobre la malvada plataforma, observamos ojipláticos como el resultado era de 1,300 kg. menos que la vez anterior.

No podía ser verdad. Cierto es que, en los pocos ratos en los que no tuve evento, celebración, vermut torero, concierto o cañitas com amigos, había tratado de cuidarme, de compensar los excesos propios de estas fechas, pero no acababa de comprender cómo todo ello no se saldaba con un peso superior. La cinta métrica no hizo más que confirmar el resultado: había perdido 4 cm. de cadera. Ni que decir tiene que salí del centro de salud más contento que unas Pascuas, nunca mejor dicho.

Como ya he contado en alguna otra ocasión, la báscula de Rocío me tiene manía. Pesa siempre de más que la mía o la de la farmacia, así que, a la mañana siguiente acudí a pesarme a esta última, por aquello de confirmar la buena noticia...pues bien, según el peso de la botica, mi reducción era de 2 kg. con respecto a la semana anterior. Alucinante.

Lógicamente, esto es un arma de doble filo. El mayor problema es que te lo llegues a creer y que pienses que, a partir de ese momento, todo el monte es orégano, y que puedes hacer lo que te venga en gana y seguir adelgazando como si nada. Afortunadamente, estoy muy concienciado con lo que estoy haciendo, y una vez llegó el 7 de enero, mi vida volvió a la rutina culinaria anterior. No niego que, en parte, si que haya hecho que me relaje un poquito, que ya no tenga cargo de conciencia si surge una caña fuera de programa o un evento esporádico, pero se que el objetivo final está todavía lejos de conseguirse, por lo que, a pesar de llevar ya tres meses largos con la dieta, no pienso desfallecer.

Cada vez estoy más convencido de que sólo hay una fórmula mágica para perder peso, y no es otra que la de ingerir menos calorías de las que consumes. Sí, vale, suena a perogrullo, pero seguro que más de un médico o dietista, la mía la primera, se lleva las manos a la cabeza con tal afirmación. Maticemos: ¿recordáis aquel anuncio de neumáticos que decía algo así como "la potencia sin control no sirve de nada"? Pues aquí pasa algo parecido. No sirve de nada intentar perder peso por tu cuenta si no tienes un médico detrás que te aconseje sobre los alimentos que debes y no debes comer. Con un trabajo sedentario como el mío, es fundamental compensarlo con ejercicio físico, por lo que mis paseos matutinos cada vez son más largos, y en breve añadiré natación y, si mis rodillas quieren responder, el pádel.

No quiero despedirme sin antes animarte a tí que me estás leyendo, y que en estos momentos tienes el remordimiento de esos kilitos de más que has ganado en estas fechas, a que no desesperes. Un poco de ejercicio y una buena alimentación te llevarán a tu estado original en pocas semanas. Palabra de gordo.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Malos tiempos para la dieta

Semana 14
Peso: 144,1

Llega Navidad, y la nieve al caer, todo lo cubrió, con su blanco dosel....Navidad, el antónimo perfecto de dieta saludable. Habían sido unos meses de calma chicha en lo que respecta a eventos y celebraciones varias, pero, a los acordes de los primeros villancicos, mi fuerza de voluntad se tomó unos días de vacaciones. Al margen de las celebraciones familiares de Nochebuena, surgieron otro tipo de eventos que no pude ni quise rechazar. Amigos que vienen de fuera, vermú torero prenavideño...salpicado con alguna que otra cervecilla casual.

A pesar de ello, he procurado mantenerme estricto con la dieta los días no festivos, y como consecuencia de todo ello, mi peso esta semana ha sufrido un leve aumento de 200 gramos (si hubiera hecho pis antes de subirme a la báscula otro gallo hubiera cantado). Pero bueno, asumo mi relajación navideña y respiro aliviado al comprobar que, a pesar de pasarme varios pueblos, la cosa se ha más o menos mantenido.

Diferencia entre julio y diciembre
Me pasa en ocasiones que no termino de verme los progresos delante del espejo. Supongo que el verte cada día el careto y el cuerpo hace que las oscilaciones en el peso pasen muy desapercibidas. Incluso cuando veo fotos mías recientes no acabo de terminar de verme todo lo bien que me gustaría. No puedo olvidar que, a pesar de la treintena larga de kilos que he perdido ya, sigo siendo un tipo muy gordo. Pero suelo recurrir a comparar fotos del pasado reciente y actuales, y es entonces cuando vuelvo a animarme. A la derecha podéis observar la diferencia entre mi careto este verano y el actual, donde se aprecia parte de lo que voy dejando por el camino todos estos meses. Lo que no acabo de entender es cómo no fui capaz en el momento de ver la foto de la izquierda de tomar la decisión que adopté meses más tarde. Ahora siento vergüenza al mostrarla aquí.

Pero bueno, todo pasa y todo queda, como decía Serrat. Afronto una nueva semana en la cual habrá algún desliz seguro, pero sabiendo que a la vuelta de la esquina está el ansiado 7 de enero, donde las aguas volverán a su cauce. Mi objetivo era pasar estas fiestas al menos sin engordar un gramo, y no estoy demasiado lejos de conseguirlo.

Y ya que he parafraseado al gran Germán Coppini en el título de esta entrada, y como nos ha dejado esta semana, acabaremos hoy con un pequeño homenaje al que fue uno de los cantantes clave de la década de los 80 en España. Feliz 2014 a todos. Me voy a por mi yogur de media mañana.