lunes, 25 de agosto de 2014

El final del verano...

Semana 48
Peso: 116,6 kg.
....llegó...y tú partirás...cómo nos jodía escuchar esta canción cuando llegaban estas fechas, pero bueno, el verano climatológico llega a su fin, y en breve se irá por donde vino, y es un buen momento para hacer balance de estos tres meses.

Llegué al mes de junio con ya casi 58 kilos perdidos por el largo camino que empezó allá por el mes de octubre, con lo que ya tenía una buena parte del objetivo logrado. Y como tengo una médico y una enfermera que son una bendición del cielo, acordamos que los meses estivales serían de relajación, pero sin perder de vista el objetivo final. Son fechas de muchas fiestas, muchas comidas, cenas, viajes...en definitiva, son malos tiempos para la dieta. Pero lógicamente, dicho relax no podía ser total, sería de estúpidos tirar por la borda el trabajo de meses, así que recibí una serie de dietas semanales para ir alternando estos meses, con las cuales podría permitirme ciertos caprichos sin llegar a desmadrarme. Y vistos los resultados, la cosa ha ido muy requetebien.

Cocido de garbanzos exquisito
preparado por mi hermana.
Claro que podréis decir...sólo ha perdido 3,5 kilos en tres meses, cuando era casi lo que perdía por semana al comienzo de mi aventura. Obviamente, no son resultados para entrar en los anales de la historia del adelgazamiento, pero os puedo garantizar que no me he privado de nada en estas fechas. Eso sí, he sido mucho más comedido de lo que era habitual en mí. Me he tomado mis cervecitas, pero no me he empapuzado como antaño, he disfrutado de comidas caseras repletas de calorías, pero no he repetido plato como acostumbraba (aunque sí me he llevado tuppers que guardo con cariño en mi congelador), he comido pinchos por la calle Laurel, pero casi siempre acompañados por un cortito y no por una caña...

Lo que no ha cambiado ha sido mi hábito de andar todos los días. De junio a día de hoy he caminado más de 1.000 kilómetros, que puede parecer una burrada, pero no son más que la suma de caminar cada día entre una hora y tres cuartos y dos horas. ¿Quién no puede sacar ese tiempo de las 24 horas que tiene el día? Vale, que sí, que tienes hijos, que tienes que ir a trabajar...yo salgo a las 7 de la mañana, y si tuviera que hacerlo a las 6, lo haría igualmente. Porque es una forma estupenda de quemar calorías, porque es muy entretenido conocer caminos, paisajes, parques, senderos...y todos a tiro de piedra de tu ciudad, no te quepa duda. ¿No tienes dos horas? Pues una. O media. O algo. Sube andando a tu casa, no cojas el ascensor. Cualquier recorrido pequeño hazlo a pie, no cojas el coche. Dos kilómetros andando los haces en 20 minutos....cuánto tiempo te cuesta encontrar sitio para aparcar?

Al final, lo que realmente importa es que esta curva que véis a la derecha siga descendiendo. Se puede apreciar que ya no es tan pronunciada, pero sigue hacia abajo. No se trata de volvernos locos, de obsesionarnos, al final es un trabajo del día a día. Hace al menos 15 años que no estaba en mi peso actual, y desde luego, me daría con un cantito en los dientes por quedarme como estoy en estos momentos, pero es tontería. ¿Para qué estar bien si puedo estar muy bien? Ya le he pillado el truco a esto de perder peso. Ojo, que no suene a ventajista, a listillo de los cojones. No. He asumido las cinco comidas diarias como si las viniera haciendo toda la vida, desayuno como un campeón, almuerzo algo para no llegar ansioso a la comida, meriendo algo para no llegar con ganas de arrasar a la cena, y ceno ligero y con tiempo antes de meterme a la cama. Si a eso le añades un poquito de ejercicio físico y eres capaz de eliminar las comidas que sabes que positivamente engordan, tendrás mucho camino recorrido. Pero no te prives de un buen cocido de garbanzos, de una paella o de tu plato favorito de vez en cuando. Date una alegría, no estamos en este mundo para sufrir.




lunes, 11 de agosto de 2014

El mito (o no) de que la cerveza engorda (o no)

Semana 46
Peso: 116,9 kg.

Uno de los grandes problemas a los que me enfrenté a la hora de adelgazar es que era (y soy) un gran bebedor de cerveza. Pero grande. Era capaz de tomarme del orden de 2 o 3 litros diarios, es decir, entre 4 y 6 pintas, o entre 8 y 12 cañas, para que no tengáis que andar calculando. Obviamente, a la pregunta ¿la cerveza engorda? tendría que responder que sí, uno no se planta en los casi 180 kilos de cualquier manera, y aunque siempre he tenido buen apetito, nunca he sido de enormes cantidades o de abuso de bollería industrial y demás guarradas hiperultracalóricas.

Pero claro, como el pescado azul en su día, o el aceite de girasol, lo que un día es malo al otro no, y viceversa. Dependemos siempre de sesudos análisis que nos marean y nos llenan la cabeza de inútiles datos. Al final te das cuenta de que estamos en manos de las grandes multnacionales, que hacen y deshacen análisis a su antojo, tratando de ganar posiciones en el mercado a costa de desprestigiar al rival.

Iba a compartir con vosotros infinidad de artículos a favor y en contra que inundan internet, pero me parece más instructivo dar mi punto de vista personal. Basta que pongáis en Google cerveza engorda para daros cuenta de la infinidad de artículos, reportajes y demás a favor y en contra, así que sí queréis echarles un vistazo, ahí los tenéis. Pero al final, lo que realmente vale es la experiencia personal de cada uno.

Como decía, yo era un absurdo bebedor de cerveza. En mi frigo nunca faltaba un pack de 6 latas de medio litro de San Miguel, o, si venían mal dadas, de la cerveza barata del Eroski. Bebía compulsivamente, y no solo en casa obviamente, cuando salía, caían unas cañas tras otras. Obviamente, la cerveza tiene sus calorías, el gas de la misma no favorece precisamente que nuestra barriga se allane, y si a eso unimos un descontrol alimenticio, el resultado es una barriga del 12. Pero claro, según uno de esos sesudos análisis de los que os hablaba, mi índice glucémico debería estar disparado, o dicho de otra manera, debería haber tenido una diabetes de caballo, o estar muerto directamente...pero me hago la analítica correspondiente y resulta que todo estaba prácticamente perfecto, o todo lo perfecto que puede tener su analítica un tipo de 180 kilos. Ojo, que con esto no estoy diciendo que os lancéis a beber cerveza sin control. Como la mayoría de las cosas, es bueno en su justa medida, los excesos nunca son buenos, ni siquiera con las cosas socialmente aceptadas como sanas.

Ahora en verano, mi médico y yo hemos acordado un plan de mantenimiento, en el cual estoy bebiendo cerveza casi a diario. Pero claro, con mesura. Me puedo tomar un par de cañitas un día, llegar hasta 4 en una ocasión especial, o no tomarme ninguna, pero ya no es aquello de beber compulsivamente. Y sigo adelgazando. Esta semana ha caído medio kilito más, ya veo cerquita los 115, echando la vista atrás en fotos, estoy en mi mejor peso de los últimos 12 años. Sería estupendo que la cifra se redujera a dos dígitos para Navidad, pero bueno, tampoco me obsesiona. Me encuentro genial. De hecho, os dejo, que me voy a jugar al pádel.

¿La cerveza engorda? Yo qué coño se....

lunes, 28 de julio de 2014

Época de mantenimiento

Semana 44
Peso: 117,5 kg.

La primera vez que me pesé...y la última
Verano. Malos tiempos para la dieta. Lo normal sería llevarnos las manos a la cabeza y preocuparnos por el hecho de haber bajado de forma brusca la cantidad de peso adelgazado. Pero tengo la inmensa fortuna de contar con una médico muy inteligente, que me conoce casi como si me hubiera parido y eso que nos vemos de Pascuas a Ramos, y que de forma absolutamente racional ha relajado las dietas que me manda durante estos meses estivales.

Estamos en una época muy propensa a celebraciones, eventos, fiestas y demás que no se dan con la misma frecuencia el resto del año. Además, las vacaciones sumadas al calor que hace favorece el hecho de que el consumo de cerveza sea mayor. ¿La cerveza engorda? No os perdáis mi siguiente entrada, que tratará de ello. A lo que vamos: siempre he sido un gran bebedor de cerveza. No concibo estar sentado en una terracita en verano con 35º a la sombra sin un buen zumo de cebada en copa helada. Obviamente, este verano está siendo un poco diferente, ya que he eliminado casi por completo la cerveza en mi frigorífico, y limito mi consumo a cuando estoy con los amigos. En cuanto a la alimentación en general, estoy combinando tres dietas diferentes, una por semana, todas total y absolutamente llevaderas, comiendo casi de todo, pero lógicamente sin pasarme, y evitando caprichos tontos que son pan para hoy y hambre para mañana...(no tengo muy claro si estoy usando correctamente el símil ;) )

Ahora estoy en un ritmo de perder una media de medio kilito por semana, poco más o menos. En las dos últimas, han sido 800 gramos menos, que obviamente no son los 3 kilos y pico que se daban hace unos meses, pero que todo suma. Me gusta echar la vista atrás para aprender de mis errores. Buscando fotos, he comprobado que ahora mismo estoy en mi mejor peso de los últimos 10 años, que se dice pronto. He ganado no sólo en salud, sino sobre todo en vitalidad, incluso en alegría, rompiendo el falso mito del gordito feliz...eso es mentira. El gordito (o el gordo-cabrón que yo era) no es feliz, no es más que un escudo para tapar sus carencias, una fachada que se derrumba cuando cruzas el umbral de tu casa y vuelves a la puta soledad.

Por eso reviso fotos continuamente, por eso miro mis tickets de la farmacia para darme cuenta del prodigio que una médico y una enfermera prodigiosas han logrado conmigo. Por eso me gusta hablar en plural, decir "hemos perdido" en vez de "he perdido", porque voy de la mano de ambas. No conozco la sensación de ganar millones en la lotería, pero debe de ser muy parecida a la que yo siento cuando veo la suerte que he tenido al contar con dos profesionales como la copa de un pino.

Pues nada, entro en una semana que va a ser de alta tensión nerviosa para mí por motivos familiares. Yo que siempre me he tenido por una persona muy tranquila resulta que tengo los nervios a flor de piel, y me afectan sobremanera determinadas situaciones como a la que me voy a enfrentar estos días. Pero bueno, cruzaremos los dedos y trataremos de ser todo lo optimistas posibles. Espero poder contaros en un par de semanitas que todo ha ido fenomenal. Seguro que sí...

lunes, 14 de julio de 2014

Y llegó el verano de nuevo...

Semana 42
Peso: 118,3 kg.

Se que soy mu pesao. Lo reconozco. Y hasta me estoy dando cuenta que tengo un punto de exhibicionismo, tanto mostrar fotos semidesnudo en este blog....Pero todo tiene una explicación. La parte de la derecha de la foto que acompaña esta entrada me avergüenza, me aterroriza, me hace darme cuenta de lo inconsciente que fui durante mucho tiempo, meses, años....un cuerpo a punto de reventar. Jamás de los jamases hubiera mostrado una imagen así en público hace un tiempo, pero sin embargo ahora lo hago con orgullo, con satisfacción, con ganas de mostrarle al mundo que nada es imposible, que si te lo propones puedes con cualquier cosa.

Se acerca la fecha en la que se va a cumplir un año en que tomé la decisión de dar un giro de 180 grados a mi vida. Verano....tiempo de playita, de piscina...el año pasado no pisé ninguna de las dos. ¿Dónde coño iba con semejante cuerpo? He tenido que soportar mil y una humillaciones, y otras tantas que afortunadamente no me he enterado. Pero aún y así, mi cabeza no acababa de plantearse dar un giro a mi vida. Nuestro cuerpo es inteligente, aunque su parte más alta no lo sea tanto, y te avisa como cuando tu coche se está quedando sin gasolina. Se enciende el pilotito, y no deja de parpadear hasta que tomas una determinación. Y afortunadamente la tomé.

Ahora miro atrás y siempre me hago la misma pregunta...cómo coño fui capaz de dejarme hasta ese punto? Y diez meses después, cuando te das cuenta de que es tan sencillo hacerlo, es cuando te planteas darte unos cuantos cabezazos en la pared por gilipollas. La clave es el dejarse ayudar. Mis amigos, mis grandes amigos, siempre me insinuaban de forma no hiriente mi problema. No les culpo por ello. Es muy jodido decirle a alguien que quieres que se está equivocando, que se está matando, en pocas palabras. Era evidente que, al final, la decisión era única y exclusivamente mía. Si te ayudan pero no te dejas ayudar, no hay nada que hacer.

En mi caso tuve la inmensa fortuna de tener una alineación planetaria inmejorable, un cúmulo de apoyos impagables, una médico amiga mía a la que le debo la vida, una enfermera también amiga mía a la que también, y unos AMIGOS, con mayúsculas, que me han apoyado, animado, consolado, picado, encoraginado, envalentonado, aplaudido y, finalmente, felicitado por mis logros. A vosotros también os debo la vida.

Ahora, a casi un año vista, me apetecía acordarme de todos ellos. No tengo que mencionaros, sabéis quienes sois. Y no sólo vosotros. Desde que tomé la determinación de hacer público mi proceso, han sido docenas de personas, conocidos y no conocidos, las que me habéis apoyado en las redes sociales. No os podéis imaginar lo que se siente cuando alguien a quien no conoces te para por la calle sólo para felicitarte por tus logros...y eso me ha pasado un buen puñado de veces.

Ojo, que esto no suene a despedida, que esto no se ha acabado. Estos meses de verano van a ser de mantenimiento e ir bajando poquito a poco, pero mi objetivo todavía está lejos. Un poco de relajación no sólo no me está viniendo mal, todo lo contrario. Y en cuanto llegue octubre, un nuevo arreón para conseguir un primer objetivo: bajar de 100 kilos. Ojalá lo consiga para Navidad, pero sinceramente, no me preocupa demasiado. Me he demostrado a mí mismo que soy capaz, y eso es lo que importa. Y no te quepa duda que, si yo lo soy, TÚ TAMBIÉN. Así que, si tienes el mismo problema, hazme caso, y sobre todo haz caso a la gente que te quiere. Saldrás ganando. Como yo.

lunes, 30 de junio de 2014

Haz dieta sin ponerte a dieta

Semana 40
Peso: 118,9 kg.

No. Ni me he vuelto loco, ni me está afectando a las neuronas esto de perder peso ni nada de nada. Hoy me gustaría hablaros de unas sencillas pautas para perder peso sin tener que meternos en sacrificios extremos, una serie de actos que, si los convertimos en cotidianos, veremos que, sin demasiado esfuerzo, nuestro cuerpo puede volver a ser el que era, si es que alguna vez lo fue...

Pero como dijo mi amigo Jack, vamos por partes. Ni soy dietista, ni nutricionista, ni nada que acabe en -ista (bueno sí, barcelonista, pero no viene al caso...). Quiero decir que lo que os voy a dar son una serie de consejos a nivel personal, sin ánimo de sentar cátedra, sino simplemente de compartir mis experiencias por si a alguno le sirven. Así que nadie se me enfade.

1. Ejercicio, ejercicio y más ejercicio.
Ya está el pesao de Paco con el tema del ejercicio...pues sí, os guste o no, una gran parte del mérito de que ahora pese casi 60 kilos menos que hace unos meses radica en el ejercicio físico. Y no me valen excusas del tipo "yo es que no tengo tiempo" y similares. Siempre hay tiempo. Y si no, nos lo inventamos. Prueba por empezar a subir andando a tu casa en vez de coger el ascensor. Vale, es una putada si vives en el piso 14, pero en ese caso...porqué no empiezas bajándote en el 10 y subiendo a pata el resto? Más adelante ya irás incrementando la distancia. No cojas el coche a no ser que sea estrictamente necesario. Hay gente que lo usa hasta para ir al baño, y usar las piernas en su lugar no sólo nos va a traer beneficios físicos, sino también económicos....y hasta psicológicos, esa mala leche que haces cuando no encuentras sitio para aparcar o una viejecita cruza a sus anchas un semáforo en rojo...luego ya, si tienes más tiempo, saca un rato para irte a pasear. Sin más. Andar. Qué cosa tan fácil y que aprendemos desde pequeños. ¿Media hora? Pues media hora. Todo suma.

2. Desayuna como un rey...
...come como un principe y cena como un mendigo. Ese es el dicho popular, y no le falta razón, aunque con matices. Es muy importante que intentes regularizar las cinco ingestas de alimento diarias: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Si te vuelves metódico con esto, evitarás el mayor de los pecados para un aspirante a exgordo: picar entre horas. Es importante empezar con un buen desayuno. Un café con leche, una tostada, una pieza de fruta o un zumo...muchos dietistas coinciden en que es la comida más importante del día, y no les falta razón, ya que nos ayuda a afrontar con fuerza la jornada laboral, y nos reduce nuestro grado de ansiedad. Comer algo a media mañana es importante, ya que, por una parte, nos ayudará a matar el gusanillo, y por otra, reducirá las ganas de comer al mediodía. Pero claro, si en ese momento te metes un bollo industrial no hacemos nada. Sustitúyelo por una pieza de fruta, un yogur, incluso un bocatita de queso fresco, algo que te sacie en el momento y nos ayude a llegar a la hora de la comida sin ganas de arrasar.

En la comida, come variado. No es necesario que te obsesiones con las verduras, recuerda que hemos dicho que no nos estamos poniendo a dieta. Come bien...pero come bien. No, no me he equivocado, come bien, come de todo, no hace falta que elimines legumbres, arroz o pasta de tu dieta, pero tómalas con mesura y, con unos pequeños cambios, verás que no engordan todo lo que te creías. La legumbre prepáratela con verdura en vez de con chorizo u otras grasas, el arroz, con pollo y unos pimientos es una excelente opción como plato único, la pasta, en vez de con tomate y carne picada, prueba a hacértela con un chorrito de aceite, un poco de picante y unas gambitas...siempre hay un roto para un descosido. ¿Segundos platos? Ya sé que te encanta un buen filete con patatas, pero si éstas las sustituyes por unos pimientitos o unas setitas, estará igual de rico y tu número de calorías no aumentará en demasía. Evita rebozados y fritos, descubrirás que a la plancha sacarás más el sabor de todos los alimentos.

A media tarde siempre entra gusa. Es inevitable. Pero en vez de arramplar con lo primero que veas en el frigo, sé metódico. Fíjate como objetivo un minibocata de queso fresco con jamón york, por ejemplo, si no te lo has comido al mediodía, en vez de recurrir a otros embutidos. Cómete un buen plátano de Canarias, que por mucho que digan que tiene el doble de calorías que una manzana, también es cierto que pesa la mitad. Un yogur y un par de galletas, un café con leche y un par de ídem...tienes mil opciones.

Y, a la hora de cenar, es conveniente que lo hagas ligero. Si te ves que vas a llegar con mucha hambre, una manzana una hora antes de cenar reducirá tus ansias. Yo en la cena recurro en muchas ocasiones a un revuelto de setas, pimientos con un huevo. Está delicioso, te sacia y apenas engorda. Evita ensaladas de lechuga y también la fruta, no me digáis porqué, pero no se digieren bien. Ah! Y no cenes 20 minutos antes de irte a la cama, dale tiempo a la digestión.

3. Sustituye las cosas que sabes positivamente que engordan
Todos sabemos poco más o menos lo que engorda y lo que no. Cualquiera sabe que algo a la plancha es más sano que rebozado, que la fruta es mejor que los helados, y que la bollería industrial es un atentado contra nuestra salud. El jamón de york es mejor que el chorizo y el queso fresco mejor que el curado. Pero esto no significa que tengamos que renunciar a todo lo malo. Ni de coña. Date de vez en cuando un capricho, la vida no está hecha para sufrir, ni mucho menos para contar calorías como dicen en el anuncio, pero que sea eso, un capricho. Cómete un buen bocata de vez en cuando, tómate unas cervecitas, pero no lo conviertas en un hábito diario. Y, cuando lo hagas, trata de compensar. En vez de media hora, una horita andando. en vez de comer legumbre, si se que voy a cenar una hamburguesa, cómete una ensalada y algo a la plancha. Al final, se trata de encontrar el equilibrio. Como ya dije en su día, sólo hay una fórmula mágica para adelgazar: consumir menos calorías de las que gastas. Así de fácil...y de difícil en ocasiones.

En fin, que me dejo muchas cosas en el tintero, pero no quiero aburriros. Quizás en otra entrada ahonde más en todo esto. Por mi parte, decir que estas semanas han sido complicadas, fiestas locales y demasiados actos sociales han hecho que mi peso no se haya reducido en demasía, pero bueno, ya estamos en los 118, camino de los 110, y de ahí a los 100....venga, vale, poco a poco ;)

domingo, 15 de junio de 2014

¡¡Sí se puede!!

Semana 38
Peso 119,3 kg.


Hoy me apetece hablar acerca de la motivación. A lo largo de todo este proceso de pérdida de peso, infinidad de gente me ha preguntado...¿cómo lo has conseguido?. Mi primera respuesta es siempre cambiar el tiempo verbal...a presente contínuo. ¿Cómo lo estoy consiguiendo? Ya expliqué con anterioridad mi fórmula del éxito, pero hoy quiero hablaros desde un punto de vista más personal. Y empezaré por el final, o, mejor dicho, por el momento actual. Si bien es cierto que mi cambio físico es más que evidente, mucho más lo es para mí y para los que me quieren el cambio emocional. No os engañéis con la foto que acompaña esta entrada, mi gesto actual es mucho más risueño, lo que pasa es que he querido imitar la cara que tenía hace exactamente un año para hacer la comparativa...a lo que voy: no sólo he ganado en salud, sino sobre todo he ganado en actitud ante la vida, en optimismo a pasar de los tiempos que corren, en alegría a pesar de las tristezas. He recuperado sensaciones que hacía muchos años no tenía, he ganado en movilidad, en agilidad, en vitalidad...

En definitiva: obviamente la salud es lo primero, pero al final lo que realmente te fortalece, lo que te hace tirar para adelante es tu estado anímico. Puedes de ser un gordo alegre, que siempre será mejor que ser un flaco triste, siempre y cuando esa alegría la vivas también de puertas adentro...eso es realmente lo complicado. Vivimos con el puñetero tópico del gordito gracioso y feliz, pero eso se trata simplemente de una estrategia de supervivencia, un modo de no mostrar a los demás cómo realmente nos sentimos, porque cuando se baja el telón, o sea, cuando dejamos a los amigos y nos volvemos a casa, solos, regresamos al mundo real, a ese mundo interior que nos machaca y nos debilita, que nos hace llorar a escondidas, que nos devora por dentro...

Suplimos nuestra falta de atractivo con otras tácticas que en ocasiones funcionan, y a veces no. Vivimos en una sociedad que rinde culto al físico, a la imagen, a la belleza...o más bien a los actuales cánones de belleza, la cual como bien sabéis es siempre relativa. Lo bonito atrae, lo feo repele, y estar gordo no entra precisamente en el primer axioma, por lo cual nos vemos forzados a suplir nuestras carencias estéticas con otras armas. Pero como decía, todo esto es secundario.  Como decía el gran Fito Cabrales, sé que soy mucho más guapo cuando no me siento feo. Y a día de hoy no me siento feo.

¿Qué estoy ganando en realidad? Obviamente salud, pero mucho más importante incluso es la AUTOESTIMA, esa palabra temible cuando la tenemos en horas bajas. Y con salud y autoestima, tenemos un buen trozo del camino recorrido. Ahora sólo espero ese pelín de suerte que se necesita en casi todas las ocasiones de la vida que me haga dar el empujón final. Cruzo los dedos...


lunes, 2 de junio de 2014

Mis paseos favoritos (III)

Semana 36
Peso: 120.1 kg.

Para esta tercera entrada de paseos favoritos por los alrededores de Logroño tengo dos muy diferentes: uno asequible y cómodo y otro más largo y bonito. El primero nos llevará por el camino de la Magdalena, que transcurre por las traseras del Hospital San Pedro, y el segundo recorreremos la ribera del río Iregua para llegar hasta Alberite, y de ahí regresaremos por Lardero.

Camino de la Magdalena
Distancia aprox.: 10 km.
 Este paseo lo descubrí gracias a la iniciativa "Paseos saludables" de la Consejería de Salud y Servicios Sociales del Gobierno de La Rioja. Lo curioso es que pasaba infinidad de veces por el inicio del mismo, pero al desconocer el trazado no me atrevía a seguirlo. Como en todas mis propuestas, podemos hacer el recorrido más corto, lo que pasa es que siempre calculo para andar alrededor de hora y media, por lo que se puede recortar y hacerlo aún más llevadero. Partiendo de la Estatua del Labrador, nos dirigiremos hacia el sur, calle Vara de Rey abajo, hasta llegar a Avenida de Madrid. En el trazado que os propongo, bajaremos hasta llegar a la farmacia que está en el cruce con Calleja Vieja. Si queréis acortar un kilómetro más o menos, podéis coger el camino viejo de Alberite a la izquierda de la gasolinera de Las Gaunas. En ambos casos nos encontraremos con la citada Calleja Vieja que nos llevará al colegio de los Maristas. Una vez pasado éste, veremos un primer cruce a la derecha, que está señalizado como para dirigirse a Desguaces Pinillos. Pasamos de él, ya que ese camino nos llevaría a Lardero. Rodeamos la rotonda y justo a la derecha de nuevo veremos otro camino, el camino de La Magdalena.

El camino en sí consta apenas de 3 km. A la izquierda nos recibirán las vacas de una vaquería, con las vistas del pueblo de Villamediana de Iregua al fondo, mientras que a la derecha casi siempre nos encontraremos con ese caballo solitario de la foto. Tras poco más de un kilómetro, llegaremos a un cruce de caminos (ver foto) en el cual deberemos tomar el de bajada, a la izquierda. Desde allí regresaremos sin pérdida a la ciudad, entrando por el Barrio de La Estrella. Yo suelo alargar los recorridos para que duren entre una hora y media y dos horas, por lo que, en este caso, cruzaremos el parking del Hospital San Pedro para dirigirnos por Calleja Vieja hasta Avenida de Madrid, y de ahí en línea recta hasta nuestro punto de partida.





Logroño-Alberite-Lardero-Logroño
Distancia aprox.: 17,5 km.

Esta opción es para valientes, o bien para disfrutar tres horitas de uno de los paseos más bonitos que hay en los alrededores de Logroño. Obviamente está pensado para hacerlo en fin de semana, sin prisas, pudiendo hacer una paradita en Alberite a tomar una relaxing cup of café con leche y continuar el camino de vuelta. Cogemos como casi siempre dirección sur por Vara de Rey hasta llegar al cruce de la circunvalación. Una vez allí la cruzaremos y cogeremos Calleja Vieja bien por el camino viejo de Alberite, bien un poco más adelante, hasta llegar al Barrio de La Estrella. Desde allí, nos dirigiremos hasta Puente Madre, barrio de Villamediana pero incrustado en los límites de Logroño, bajaremos por unas escaleras hasta el miniparque que hay debajo del puente, y una vez en el Parque del Iregua iremos hacia la derecha.
Desde allí, seguiremos el camino paralelo al cauce del Iregua, que nos llevará sin margen de error hasta el puente que da acceso al bonito pueblo de Alberite. Simplemente hay que tener en cuenta que, cuando lleguemos al puente que cruza la autopista, hay que tomar el camino de la izquierda, ya que de lo contrario nos llevará al camino de la Magdalena antes mencionado. Si ha llovido recientemente, es más que probable que nos encontremos con un par de charcos casi insalvables que ocupan todo el camino. No preocuparse, hay forma de seguir adelante sin mojarnos....demasiado. Una vez en el pueblo no está de más deleitarse con la bonita  iglesia de San Martín, para posteriormente, caminar por carretera poco más de un kilómetro hasta llegar a Lardero, para coger el camino viejo a Logroño, que nos devolverá a casa, entrando por la zona de la Guindalera, pasando por el nuevo estadio de Las Gaunas hasta llegar al punto de partida.

En cuanto a mi peso, esta semana he perdido 700 gramos, que puede parecer poco, pero a estas alturas todo lo que sea sumar (en este caso restar) es bienvenido. Y qué coño, que no me puedo permitir el lujo de adelgazar más rápido, que tengo que rentabilizar la ropa que me compré en abril! ;)